Cuando hablamos de gestión de proyectos, también hablamos de gestión de riesgos. Esta es una parte integral del proyecto que no debe tomarse a la ligera. No identificar, analizar ni responder a los factores de riesgo, tanto positivos como negativos, expondría al proyecto a retrasos, un rendimiento deficiente y el fracaso. Múltiples proyectos fallidos reducirían la confianza y devaluarían el negocio en general, lo cual representa el mayor riesgo.
Para ello, sería fundamental crear un equipo de respuesta ante riesgos integrado por miembros cualificados y con experiencia. Este equipo debería ser capaz de utilizar de forma profesional datos históricos, registros públicos y otras fuentes internas y externas para planificar, supervisar y controlar los procesos del proyecto que impliquen riesgos. Asimismo, debería estar preparado para actuar con eficacia en situaciones de emergencia, contando con planes de contingencia.
Con estos antecedentes, permítanme reiterar la importancia de reconocer tanto los factores de riesgo positivos como los negativos y el hecho de que ambos pueden tener consecuencias igualmente graves.
Si bien algunos riesgos son “positivos”, siguen siendo desfavorables, ya que el exceso de algo bueno también es negativo. Un buen equipo debería ser capaz de reconocer los riesgos positivos. Por ejemplo, un proyecto con un presupuesto inferior al previsto, que supone un ahorro, suele considerarse un riesgo positivo. Sin embargo, en realidad, el director del proyecto sobreestimó el coste. Por lo tanto, no se deje engañar por el término “positivo”
Existen otros escenarios en los que un buen equipo de respuesta ante riesgos sería valioso para un proyecto y para garantizar la entrega de resultados de alta calidad.
En cuanto a la calidad final del producto final del proyecto
Supongamos que tenemos un producto con fecha de caducidad. Si se entrega demasiado pronto, se convierte en un riesgo positivo, y si se entrega demasiado tarde, en un riesgo negativo. Este tipo de situación suele darse en proyectos de construcción. En cualquier caso, la calidad del producto final se ve comprometida.
Un buen equipo de respuesta ante riesgos debe contar con el conocimiento y la información suficientes para predecir con precisión el resultado. En los proyectos de construcción, la calidad final determinará la realización de futuros proyectos o pedidos.
Sobre la agresividad del proyecto
En un proyecto que implica un desempeño ambicioso, si la ejecución es demasiado grande, se convierte en un riesgo positivo, y si es demasiado pequeña, en un riesgo negativo. Este tipo de situación se presenta con frecuencia en proyectos de inversión.
Un equipo ideal de respuesta ante riesgos debería ser capaz de anticipar e influir de forma proactiva en el nivel de agresividad. De esta manera, en el caso de proyectos de inversión, los fondos se gastarían adecuadamente.
Sobre la sostenibilidad del proyecto
En un proyecto que implica una ejecución sostenible, si el resultado final atrae demasiada atención, se convierte en un riesgo positivo, y si atrae muy poca, en uno negativo. Este tipo de situación suele darse en eventos con gran afluencia de público.
El equipo de respuesta ante riesgos debe ser capaz de elaborar planes de contingencia para emergencias y ofrecer alternativas cuando la asistencia no sea la prevista. En la organización de eventos, una situación así afectaría considerablemente los gastos finales.
En conclusión, un equipo de respuesta ante riesgos es fundamental para el éxito del proyecto. Se trata de un equipo de emergencia cuya principal función es garantizar el bienestar de las partes interesadas y proteger las inversiones del patrocinador. Seleccionar cuidadosamente a los miembros del equipo, compuestos por personas cualificadas y con experiencia, marcará una gran diferencia en el resultado.




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